La solución

Francisco Javier Sánchez Palomares Bernardette es una joven elegante a la que le cimbrean al viento las pobladas cejas cuando monta en bicicleta. Las malas lenguas dicen que fue la única chica de Nueva Inglaterra que rechazó desayunar con jarabe de arce en favor del aceite de oliva de Pegalajar. Aunque también hay quien responsabiliza a esta decisión del soberbio porte de la zagala. Vive con su madre en Green McAllister, una villa costera en crisis. Hace un año se prohibió el arponeo del bañista ocioso y la mayoría de sus habitantes se han quedado sin trabajo. La oficina de … Continúa leyendo La solución

La chica con el pelo viciado

Francisco Javier Sánchez Palomares Llevaba meses apático, cansado, solo escribía artículos mediocres y el jefe ya me había dado un ultimátum. Acudí al médico, me recomendó hidratarme y que ingiriese peras para revertir el agotamiento. Esa misma tarde la vi en mitad de la conferencia. La recordaba bebiendo un tercio de cerveza en el cuarto de estar del quinto piso que compartimos durante la universidad. Apenas habíamos comenzado a estudiar, pero un sexto sentido me hizo intuir el potencial de Camila. Siete años después, era una de las ocho mejores directoras de orquesta de la cristiandad. Aquel año solíamos vestirnos … Continúa leyendo La chica con el pelo viciado

Apoyao en el quicio de la mancebía

Francisco Javier Sánchez Palomares Hallábase Hortensia hilvanando hombreras en las hoces del río cuando apareció su esposo Gabriel. —Buenos días, querida. Excelente mañana para pasear por el campo. Pero, ¿qué haces rascándote el canal inguinal? —Ay, Gabriel, pues me subyace tremenda picazón bajo las enaguas y túrbome. —Puedo consultar al galeno, si fuese menester, sabes que el doctor Jackson Amunike es como de la familia. —Querido, tal vez si cumplieses con tu deber, no habría lugar. —No entiendo, amor. —Ya lo sé, eres el único de la alquería que no lo advierte. Muchos lo celebran. Mas, ¿qué te trae por … Continúa leyendo Apoyao en el quicio de la mancebía

Una historia de los Tercios

Paco Sánchez —Matilde, que ya he vuelto de la guerra. Estoy un poco cansado. —Vienes desde Flandes a pie, dime algo que no sepa. Y quítate esas botas antes de entrar, tengo la casa como el jaspe y lo vas a poner todo perdido de fango, puerco. —Ni un ósculo, ni una carantoña, ni un saludo. Eres igual de rancia que tu padre, barragana. —Mi padre era un hombre capaz de mantener un hogar. Y no olía mal. —Porque estabais avezados al hedor, todo el día entre finados. —El quehacer de embalsamador no es menos digno que el de soldado. … Continúa leyendo Una historia de los Tercios

Hotel Pendelton

 

Paco Sánchez

—Mayor Show, ¿cuántos días tiene pensado quedarse en el hotel?

—Tres semanas, hasta que acabe la temporada de la trucha asalmonada. Continúa leyendo “Hotel Pendelton”

Rick’s drugs

Paco Sánchez

Rick demandó a la vieja Lufthansa por no permitirle viajar con su dobergman Ingrid en aquel vuelo de película que le sacó de Casablanca. La perra tuvo que quedarse con el gimnasta olímpico sin centelleo amatorio. Del pleito a la compañía se encargó un Antonio García-Trevijano —aún adolescente—, que pululaba por Estoril a la espera de florecer y coexistir en espacio y tiempo con don Juan de Borbón.

—Rick, es poco probable que la reclamación prospere.

—No voy a perder a esa perra por segunda vez, Antonio. Ya tuve que hacerme argentino para huir de los nazis y no quiero otro revés.

—Tenga en cuenta que faltan años para que el movimiento animalista cobre fuerza, las perras aún no tienen derechos. Lo único útil que usted conserva es el alcoholismo. Continúa leyendo “Rick’s drugs”

Adolfo Suárez, TRX y pollo en pepitoria

Paco Sánchez

Hoy he asistido a mi primera clase de TRX y no guarda relación con los dinosaurios.

Decidí apuntarme a un gimnasio tras casi veinte años de sedentarismo solo interrumpido para salir de fiesta. Después de unos meses haciendo ejercicio por mi cuenta, me animé a ir a una clase con monitor. Había muchas y me fijé en la que más desconocía: TRX. Una buena persona con formación superior y conocimientos deportivos me explicó de qué se trataba y terminó de animarme a probar. Investigué un poco más en internet y vi que se trataba de un ejercicio surgido poco antes de la Guerra Civil Española. Tras la sanjurjada de 1932, los carlistas se especializaron en la guerra con submarinos y en 1936 disponían de seis ejemplares que ya buceaban con primor; cinco marrón metralla y uno amarillo, por si había que llamar la atención o luchar contra carpas gigantes del Japón.

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Melena de tango

Paco Sánchez Era tan tarde que el perchero comenzaba a perder la compostura. Las brujas ya habían colgado sus escobas en el techo del restaurante porque fuera estaba lloviendo. Esas harpías no eran capaces de conciliar el sueño si no comían algo caliente después de bailar flamenco. Charlar junto a una mesa de brujas conlleva que la realidad suceda de un modo peculiar, mas en previsión de que tal situación ocurriese, bebimos unas cervezas frente a la basílica. —Trevor, ¿tienes alguna dificultad psicomotriz? —Por suerte no, Madeleine, si bien es cierto que me desplazo con no pocos problemas sobre los glaciares. —Entonces crucemos … Continúa leyendo Melena de tango

Alunizaje nacional

Paco Sánchez   —¡Orden, señores! ¡Orden, orden! Guarden silencio que les voy a explicar el… ¡Ciges, súbase los pantalones in-me-dia-ta-men-te! —Sí, sí, es que estos hijos de puta me han sacado de la cama para venir aquí, y si no me toco antes doce del mediodía me paso todo el día tartamudeando. —Como iba diciendo, les voy a contar el motivo de esta reunión de alto secreto: el presidente del Gobierno, don Fernando Fernán Gómez se ha propuesto ir a la Luna. Como está seguro de que los americanos nunca llegaron y fue todo un montaje dirigido por Stanley Kubrick, … Continúa leyendo Alunizaje nacional

70 mm

Paco Sánchez

Publicado en el blog de Carmen Álvarez Vela

Desperté granulado, con el color saturado y en 70 mm, como en una película de 1977. Al hablar, comprobé que mi dicción era perfecta, el tono grave y el timbre foliador. No hacía falta ser muy audaz para darse cuenta de lo desacostumbrado de la situación, de hecho, nunca había amanecido en Ultra Panavision. Más allá de cierta preocupación transitoria, decidí fisgonear. Lo primero que me llamó la atención fue la fotografía. A pesar de ser cálida y natural, casi ninguna secuencia de las que iba viviendo estaba rodada con luz solar. Soberbia utilización de los focos.

Después de arreglarme pelo y patillas, me coloqué unas correas con dos fundas a ambos costados para portar pistolas, me cubrí con un tres cuartos de piel marrón y bajé a la calle. Pesqué un periódico local a cambio de una moneda en un expendedor metálico. Supe que mi coche era un Ford Mustang Shelby del 67, conduje por inercia hasta un bar, bajé del vehículo y cerré la puerta con suficiencia, sin echar la llave. Ya no había duda, estaba en una película. Pedí un whisky. No sabía si existía el libre albedrío o bien mis acciones estaban sujetas a un guion, opción que cobraba fuerza en virtud de la situación. Había dos teléfonos gemelos de los cuales solo uno funcionaba. Sobre ellos, un televisor. Jimmy Carter había cedido el control del Canal a un dictador panameño con un sombrero ridículo. Al parecer, aquello no era del agrado del resto de clientes. Entró en el local una mujer de la que solo pude ver su voz. Estaba desubicada. Me acerqué a ella.

70mm

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