Dignidad

Paco Sánchez – 13 de mayo de 2015

Disfruto como un niño, disfruto como un niño observando, observando durante horas y horas todos los días cómo destila realidad la mirilla, mi antigua mirilla de bronce labrado, excesiva, barroca.  Ya ha llegado Maude. Rápido, empuja la silla, acércame a la puerta —pienso en voz baja para que no oiga mi ansiedad—, necesito vivir. El único órgano que aún puede hacerme sentir algo es el cerebro. La mirilla: DignidadMaude gira la mirilla cuarenta y cinco grados y el apartamento se inunda de fotones llenos de historias. Sigue leyendo