Punto de fuga

Paco Sánchez – 9 de abril de 2015

Llegamos con tiempo, porque el espacio lo tienen todo ellos, confinado en un largo pasillo de hospital que desemboca en unas puertas con ventanas redondas desde las cuales se puede ver el Mar de los Sargazos. Suena una cerradura desde dentro, se cierra, hay que esperar. Se aproxima un celador asimétrico que marcha con entusiasmo militar. Desaparece de forma perpendicular hacia el lado activo del pasillo. Del lado pasivo emerge una mujer vestida que se ocupa de nuestras pertenencias más vulgares. Hay que guardarlas bajo llave —dice— es mejor. Suena la cerradura de nuevo, ahora en sentido opuesto, accede la paciente con las uñas pintadas con la inquietud que provoca saber en qué consiste la operación y la tranquilidad de desconocer el motivo de su entrada al quirófano.

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