Nosferatu

Paco Sánchez – 24 de mayo de 2014

Hacía uNosferatun mes que aquellos desalmados acabaron con ella y la dolorosa punzada que le herraba el alma no había dejado de quemarle ni un instante. Su acomodada vida y las indecentes cantidades de dinero que atesoraba tampoco conseguían mitigar el sufrimiento. Había desechado la idea de vengarse porque no quería volver a una de esas inhumanas prisiones. Estaban abarrotadas y, lo que es peor, atestadas de gente. Solo le consolaba su profunda fe, que le hacía confiar en reencontrarse con ella tras su muerte.

Cuando comenzó a atardecer, cogió tres fajos de billetes, escondió su jorobada figura entre la gabardina y el sombrero y salió a la calle. Su sombra le perseguía dos metros por delante como una especie de Borgat poseído por Nosferatu. Sigue leyendo