Apoyao en el quicio de la mancebía

Francisco Javier Sánchez Palomares Hallábase Hortensia hilvanando hombreras en las hoces del río cuando apareció su esposo Gabriel. —Buenos días, querida. Excelente mañana para pasear por el campo. Pero, ¿qué haces rascándote el canal inguinal? —Ay, Gabriel, pues me subyace tremenda picazón bajo las enaguas y túrbome. —Puedo consultar al galeno, si fuese menester, sabes que el doctor Jackson Amunike es como de la familia. —Querido, tal vez si cumplieses con tu deber, no habría lugar. —No entiendo, amor. —Ya lo sé, eres el único de la alquería que no lo advierte. Muchos lo celebran. Mas, ¿qué te trae por … Continúa leyendo Apoyao en el quicio de la mancebía