Entropía

Paco Sánchez – 23 de abril de 2014

Desde el día que la vio por primera vez en la escalera del edificio donde trabajaban, supo que sería la pasión de su vida. Quedó prendado de su sonrisa pícara y de una mirada tan intensa que cuando le encañonaba con ella volatilizaba todas sus preocupaciones.  Nunca había sentido nada igual por ninguna persona. En realidad nadie había sentido nada parecido nunca, pero él no lo sabía. Sus inseguridades habían sido lo único capaz de frenar lo inevitable. Hasta que, tras beberse ambos la dignidad y la timidez en una dicharachera cena de empresa, comenzó a sonar la canción preferida de ella y, como una ola, le tuvo que embestir.

Unos meses después, había fracasado tantas veces en la cama que observó con impotencia como ella comenzó a serle infiel con su marido.

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