Enervado

Paco Sánchez – 21 de junio de 2014

Creo que me he despertado. Llamo a Scarlett por teléfono y me responde otro número sin querer. Me levanto de la cama y llego errático al baño. Lleno el lavabo con agua fría y sumerjo la cabeza en ella, no sin evitar clavarme el maldito grifo en la coronilla. Apenas siento dolor, tengo el cerebro entumecido por los excesos de la noche anterior. Por suerte conservo el conocimiento suficiente para recordar que debo respirar y saco la cabeza del agua, clavándome de nuevo el dichoso grifo, unos instantes antes de que mi hija heredase mis deudas.  Sigue leyendo