Rick’s drugs

Paco Sánchez

Rick demandó a la vieja Lufthansa por no permitirle viajar con su dobergman Ingrid en aquel vuelo de película que le sacó de Casablanca. La perra tuvo que quedarse con el gimnasta olímpico sin centelleo amatorio. Del pleito a la compañía se encargó un Antonio García-Trevijano —aún adolescente—, que pululaba por Estoril a la espera de florecer y coexistir en espacio y tiempo con don Juan de Borbón.

—Rick, es poco probable que la reclamación prospere.

—No voy a perder a esa perra por segunda vez, Antonio. Ya tuve que hacerme argentino para huir de los nazis y no quiero otro revés.

—Tenga en cuenta que faltan años para que el movimiento animalista cobre fuerza, las perras aún no tienen derechos. Lo único útil que usted conserva es el alcoholismo. Continúa leyendo “Rick’s drugs”