70 mm

Paco Sánchez

Desperté granulado, con el color saturado y en 70 mm, como en una película de 1977. Al hablar, comprobé que mi dicción era perfecta, el tono grave y el timbre foliador. No hacía falta ser muy audaz para darse cuenta de lo desacostumbrado de la situación, de hecho, nunca había amanecido en Ultra Panavision. Más allá de cierta preocupación transitoria, decidí fisgonear. Lo primero que me llamó la atención fue la fotografía. A pesar de ser cálida y natural, casi ninguna secuencia de las que iba viviendo estaba rodada con luz solar. Soberbia utilización de los focos.

Después de arreglarme pelo y patillas, me coloqué unas correas con dos fundas a ambos costados para portar pistolas, me cubrí con un tres cuartos de piel marrón y bajé a la calle. Pesqué un periódico local a cambio de una moneda en un expendedor metálico. Supe que mi coche era un Ford Mustang Shelby del 67, conduje por inercia hasta un bar, bajé del vehículo y cerré la puerta con suficiencia, sin echar la llave. Ya no había duda, estaba en una película. Pedí un whisky. No sabía si existía el libre albedrío o bien mis acciones estaban sujetas a un guión, opción que cobraba fuerza en virtud de la situación. Había dos teléfonos gemelos de los cuales solo uno funcionaba. Sobre ellos, un televisor. Jimmy Carter había cedido el control del Canal a un dictador panameño con un sombrero ridículo. Al parecer, aquello no era del agrado del resto de clientes. Entró en el local una mujer de la que solo pude ver su voz. Estaba desubicada. Me acerqué a ella.

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Bogavante no hay más vino

Paco Sánchez

El marisco siempre fresco

El marisco siempre fresco

—He traído ajos de Villaconejos, Trevor —dijo con una ristra sobre el pecho.

—No esperaba menos, Susan.

—No estaba segura de si el arroz con bogavante llevaba cebolla.

—Según. En todo caso es mejor no echar mucha. Tengo una buena cebolla, muy dulce. Por cierto, ¿prefieres vino o cerveza mientras preparamos la comida?

—Ay, Trevor, se me olvidaba, ya que estaba por el Sureste madrileño he adquirido vino en Colmenar de Oreja, en una cooperativa muy agreste, mira qué garrafa de plástico traslúcido más estupenda. Me he dicho: ¡diablo, me voy a dar un capricho! Cinco litros.

—¿No será desabrido, Susan?

—No creo, la ingeriremos en su totalidad. Ya verás. ¿En qué te puedo ir echando una mano?

—Pélame la cebolla. Pero primero sirvamos un poco de vino. Voy a sacar dos copas.

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