La cabalgata sobre el tejado de zinc

Paco Sánchez

Getafe, 5 de enero de 2016. Frío. Nos colocamos cerca del Ayuntamiento, al final del trayecto de la cabalgata, junto a un Deutsche Bank que hay frente al Oskar Burger. Cerca hay una señora de carácter agrícola que lamenta que no hayan vallado todo el recorrido. Hasta que llegan las carrozas perdemos al escondite inglés con Martina.

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La muchedumbre llena la calle Madrid mientras una pelirroja se cruza un tanto borrosa. Los niños abarrotan los balcones impares de Villar del Río esperando la llegada de los Reyes Magos con el Plan Marshall bajo el brazo que ayudará a recuperarnos de la guerra y frenar la expansión Soviética.

gente de noche

 

Comienza el espectáculo. Las primeras en aparecer son unas púberes con ropa inadecuada para el invierno que avanzan en elipses levantando las rodillas a la vez que hacen malabares con un palito en la mano. Tras ellas llega la carroza de la OTAN descargando caramelos Solana sobre la población civil. Martina recolecta sus primeras golosinas. Se ha encaramado de espaldas sobre mí y ha conseguido una ventajosa posición estratégica. Acto seguido vislumbramos el carruaje sin autoestima de un Pocoyó que deja una sensación de empate a cero. Por suerte la siguiente carroza transporta una lata de Mahou clásica entre los niños y recibe la primera ovación del respetable.

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El peso de Martina aumenta. Hacen su aparición los minions de Luca Modrić y después viene una manada de personajes de Barrio Sésamo, un furby y varios animales inflables de cinco metros que arremeten contra el público, incluido un carnero gigante que vende humo y nos riega con ponfeti.

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Por último, vemos pasar la carroza de El Corte Inglés derramando mechones de Lord Byron. Martina alcanza el peso máximo autorizado y pasa a manos del abuelo.

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Al fin aparecen los tres Reyes Magos y la dama de las camellas se lanza sobre uno de los ungulados animales desérticos provocando la anécdota de la jornada.

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Si no existieran señoras de carácter agrícola, Paul Newman no se habría lesionado el pie al tropezar con la valla.

—¿Tú sabes cómo me encuentro? Como una gata sobre un tejado de zinc recalentado por el sol.

—Pues salta del tejado, Maggie, ¡salta! Los gatos saltan de los tejados sin hacerse daño. ¡Anda, salta!

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