Sufragio universal

Paco Sánchez – 22 de mayo de 2015

Lo primero que ven María y su hijo al entrar al nuevo dispensario es a la señorita Vermalen sentada tras el mostrador con una bata blanca en cuyo bolsillo se sujetan tres rotuladores: uno rojo, uno amarillo y uno azul; aunque atesora más en una caja de madera que antes había albergado cigarros puros en Rusia. Informa, llama, cita y despacha sin contemplaciones a los pacientes mientras esboza dinosaurios en pañuelos de papel. María no se atreve a preguntarle y deduce que la sala de espera de su médico es la única que no está vallada con rejas.dinosaurios

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Dignidad

Paco Sánchez – 13 de mayo de 2015

Disfruto como un niño, disfruto como un niño observando, observando durante horas y horas todos los días cómo destila realidad la mirilla, mi antigua mirilla de bronce labrado, excesiva, barroca.  Ya ha llegado Maude. Rápido, empuja la silla, acércame a la puerta —pienso en voz baja para que no oiga mi ansiedad—, necesito vivir. El único órgano que aún puede hacerme sentir algo es el cerebro. La mirilla: DignidadMaude gira la mirilla cuarenta y cinco grados y el apartamento se inunda de fotones llenos de historias. Sigue leyendo

Starman

Paco Sánchez – 08 de mayo de 2015

Aparco mi platillo volante en la última rotonda del recinto ferial, tras un Citröen AX sin avispas y junto a una señal de prohibido estacionar. El fuselaje está alineado con la ristra circular de coches, pero el estabilizador horizontal quizá sobresale en exceso. No me preocupa, estoy en un Congreso de Lengua, pero de Lengua como sistema de comunicación y expresión verbal, por lo que es poco probable que se acerque hasta aquí la guardia urbana. Además, si me llegaran a sancionar, ¿a quién le iban a notificar la multa? No estoy empadronado, para ellos no estoy, ni siquiera soy.

Antes de salir del vehículo interestelar cubro el panel de mandos con un tapete de ganchillo, me han dicho que en la Tierra el Sol calienta de narices. Camino ligero hacia la entrada del pabellón. Viene al encuentro mi contacto en el planeta, el profesor Vudufakis. Recuerdo justo a tiempo que tengo que saludarle estrechando la mano. Me parece ridículo, no sé por qué los humanos de la Tierra no se frotan las orejas como hacemos nosotros. Llegamos al control de acceso.

Presión

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