Corazón de Arquímedes

Paco Sánchez – 22 de julio de 2014

ArquímedesEs un sabático domingo para Charles. Se zambulle con lo puesto en su vieja tina. El barbitúrico sonido del agua embelesa su percepción. Lleva una plácida y parsimoniosa existencia, tiene la conciencia tranquila, nunca se hipotecó. Además de comer pequeños crustáceos, su única tarea durante los siguientes dos días es preparar el alunizaje de un martes que, como todos, se presenta algo más inquieto. Ese día siempre aparece sonriente, alterando el universo a su paso, el pequeño gran ser “extraterrario” de coletas rubias que lo toma, lo agita, lo besa y juega postrándolo en una urdimbre de dicha todo el miércoles y la primera mitad del jueves. El viernes, tras suministrarle gambas para dos días, ve partir meditabundo a su particular Teniente Dan sobre ese artilugio con ruedas empujado por otro dulce espécimen de bata verde. Solo queda consumir el sábado relajado en su tina para que el domingo regrese de nuevo su querido amigo y apreciar en sus ojos el anhelo existencial de otro martes con el ser de las coletas rubias que le abarrota de energía y que, al marcharse, le desaloja el alma con un brío equivalente a la ingente felicidad producida, preguntándose si serán suficientes semanas con un solo martes para mantener su delicado corazón a flote.

 

Vía Letras Inquietas

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